... SIN DEJAR DE SONREIR ... |
![]() YO ME OCUPO DE LAS OLAS... TU VIGILA LA MAREA
|
|||
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006.
Me acuerdo de tu mirada... De cuando te acariciaba apenas sin tocarte, con un inexplicable temor... era curioso. No me atrevía a acercarme demasiado a tu piel. Era como si temiera mancillarte... claro, yo era joven y tu eras demasiado mayor para mí. Posiblemente no más de tres o cuatro vidas mayor que yo, pero me parecía una diferencia insalvable por aquellos días. Me acuerdo de aquel tiempo... hace tanto ya. "Podíamos ser todo o nada, pero no importaba lo que eligieramos porque siempre éramos nosotros". Solía sentarme frente a ti y dejar pasar tranquilamente las horas: - ¿Qué haces? me decías. - Nada, cuando estás con alguien a quien quieres no es necesario hacer nada más que "estar", ¿no lo sabías? - "Eres muy raro..." Siempre acababas riendo, tu risa se rompía en mil pedazos y se colaba por cada rincón de la habitación, de mi vida. Lo llenabas todo y yo era feliz. Me acuerdo de tu sonrisa... Siempre sonreías al dormir. Me hubiera gustado saber con que soñabas, imagino que con algo que nunca me confesaste, al fin y al cabo los sueños es lo único que tenemos que podamos llamar "nuestro". No lo sé. Tampoco me importa ahora, ni me importaba entonces. Yo era feliz viéndote dormir. Siempre acababa venciéndome el sueño al menos una hora más tarde que a ti. Esa hora se convertía en el mejor momento del día... me inclinaba sobre tu figura y te observaba. Posiblemente la imagen más bella que me llevaré a la tumba es la de tu cara en ese estado de felicidad, dormida, con un leve palpitar en las pupilas y sonriendo... siempre sonriendo. Me acuerdo de tantas cosas, pero no me acuerdo de tí. Me arrepiento de haberte conocido y de no reconocerte, me arrepiento de haberte querido tanto. Me arrepiento de mis recuerdos, y me arrepiento de tu mirada y de tu sonrisa. ------------------------------------------------------------------------------ ...y ahora, más que nunca, me arrepiento sin dejar de sonreír... ...y nunca lo hice. Sencillamente porque no eras ella, a medianoche abría un buen champán francés a tu lado (o quizá era una litrona) y dormía contigo, pero soñaba con otra. Tarde me dí cuenta de que quería ir de fiesta a la cocina a tu lado. Demasiado tarde. ---------------------------------------------------------------------------- Una persona me recomendó la película Memento. "Es de las que te gustan a tí... rayante", y vive dios que lo es. Después de verla (2 veces por cierto) me di cuenta de porque me atraía tanto. Me sentía como el protagonista. Veréis, existe una enfermedad, supongo que tendrá nombre pero no me preguntéis cual, que afecta al almacén de memoria a corto plazo, impide que "crees" nuevos recuerdos con lo cual, pasado un pequeño período de tiempo te encuentras en el punto de partida. Debe ser frustrante, mucho más si eres consciente de tu enfermedad. Imagnaos diez años amando a una persona con todas vuestras fuerzas, de repente os llega esta enfermedad de la que hablo y esta persona muere. ¿Cómo debes sentirte todos los días obligado a "aprender" de nuevo que ha muerto? Incapaz de recordarlo... Así me encuentro yo, en el punto de partida. Hace un par de meses que no "genero" nuevos recuerdos. Me despierto cada día obligado a recordar cosas que, mientras dormía, eran pura realidad presente. Despierto entre sonrisas, abro los ojos y a mi lado solo un hueco vacío en la almohada. Voy a la cocina, me enciendo un cigarro, preparo el café y espero alguna llamada perdida al móvil del algún compañero de clase. Luego todo viene a mi cabeza con meridiana claridad... sin compañía en la cama, sin absurdas obligaciones lectivas... al día siguiente vuelta a empezar. El problema es que me niego, no quiero aceptar los nuevos recuerdos y acabo retrocediendo aun más en el tiempo. Por la calle entro en ensoñación, de vuelta del trabajo, imagino no ya tres meses, si no tres años, o incluso cuatro. Llego a casa, dejo trascurrir la tarde impidiendo nuevos recuerdos y duermo con tu nombre besando mi boca. "Quizá haya hecho esto antes, quizá haya quemado miles de cosas tuyas... no me acuerdo de olvidarte" -------------------------------------------------------------------------------------- Cómo gasto papeles recordándote, Soñando con un amor imposible, soñando con tenerte entre mis brazos, soñando con verte pasear por la habitación desnuda, soñando con que me mires, me sonrías y te vayas para siempre... Soñando con una noche de verano, cantarte al día siguiente: Una lágrima furtiva,/ un beso envenenado,/ tópicos de lado,/ no me pidas que te escriba. Que si bien no soy poeta,/ que tan solo soy humano,/ ya no gira la veleta,/ sopla el viento hacia otro lado. Corta la cinta adhesiva/ que te sujeta conmigo,/ ¿no es suficiente castigo/ no morir más por tu vida?. Te regalaba la nada,/ te prometía la vacía soledad de mi cama,/ te merecía sin ser mía,/ te manejaba sin ganas/ y te perdía cada día. Pero tópicos de lado/ no me pidas que te escriba,/ ya me trae sin cuidado/ donde busques tu salida./ Me basta un día presente,/ me sobran años pasados,/ tenme un segundo enfrente/ y por siglos derrotado. Cada mañana, durante estos últimos años, caminando hacia la facultad o hacia las prácticas o sencillamente hacia una determinada dirección sin motivo alguno, un hombre se quedaba mirándome. Siempre ha sido así, de ida o de vuelta. En el mismo sitio siempre, desde bien temprano hasta avanzada la tarde. Me miraba largo y tendido, mientras yo andaba. Se trataba de un hombre de mediana edad, impecablemente vestido. Con una camisa diferente cada día y un pantalón sencillo, vaquero o de pinza. Limpio. Con una barba cuidada. Se encontraba siempre sentado en el mismo escalón, con la mirada perdida, fumando un cigarrillo y en ocasiones, sobre el mediodía, bebiendo una única cerveza. Yo caminaba y él me miraba. Así de sencillo. Mi ex novia y yo le solíamos llamar: "el pobre más elegante del mundo". Suposiciones claro. Pasábamos delante suya, me miraba, sonreíamos y decíamos: "es increible que este hombre no se mueve nunca". Pasaron los años, uno, dos, tres y el hombre se convirtió poco a poco en parte del paisaje, cuando ya no tenía con quien comentar su impoluto aspecto, ya no quedaba nada que lo hiciera algo notorio. Pero él allí seguía, yo pasaba y él me miraba, inquebrantable, día tras día. En un par de ocasiones me hizo un gesto con la mano y me pidió por señas un cigarrillo. Yo se lo di. Nada más. Hasta ayer. Ayer volvía de las prácticas. Aburrido, tarareaba una canción de Bruce Springsteen, ansioso por llegar a casa, cuando le vi. Llevaba tiempo sin reparar en él. Me miró, como no. No se porqué pero le miré, sonreí y dije: "hola". Él inclinó ligeramente la cabeza, sonrió y dijo a su vez: "buenas tardes", luego volvió a su cigarrillo y su cerveza y no me miró mientras me marchaba... Esta mañana no estaba en su escalón. Quiero pensar que se quedó dormido, o que el desayuno se le alargó más de la cuenta. Pero no se porqué, creo que ya no aparecerá más. Creo que llevaba esos largos años sentado esperando a que alguien se dignara a saludarlo. A que comprendiéramos que no era parte de la calle, "un pobre elegante" o un mudo bebedor de cerveza. Supongo que cada cual tenemos nuestros traumas interiores y el hombre del escalón era incapaz de comprender que conocidos de cuatro años no se dignaran a dirigirse la palabra. |
|||