... SIN DEJAR DE SONREIR ... |
![]() YO ME OCUPO DE LAS OLAS... TU VIGILA LA MAREA
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Se dice de aquel que llegado a casa un miércoles a las 2 de la mañana se pone a relatar su insulsa vida ante la pantalla del ordenador. Aquel que muestra una cara que nunca fue la suya, llena de risas y chistes fáciles, el que siempre se encuentra disponible para un "hazme reír", el bufón, el payaso. Se dice de aquel que tiene tanto caos interior que hasta los recuerdos escapan de su memoria. De aquel que se emborracha en días alternos, fines de semanas y fiestas de guardar para olvidar algo que nunca llegó a sentir como suyo. Aquel que nunca supo decir: "te quiero" y siempre se acordó de reír ante una desgracia propia. ... aquel que madruga mañana y que se mantiene en catarsis mental gracias a las drogas y al alcohol... ................................. Aquel que no pidió crecer. Te vi sentada en la barra. Con la impaciencia hecha pupila tamborileabas con dos dedos la mojada superficie. Pronto el camarero fue a servirte una cerveza, pagaste con gesto distraído y te centraste en beber en pequeños sorbos. Tu mirada se desdibujaba, ausente, quien sabe si fija en otro lugar o en otro tiempo, o en ambos, o en nada. La música cambió de tercio. Al absurdo tema de una moderna banda de pseudo pop le siguió una antigua balada. Tu rostro despertó de su letargo y sonreíste, la sonrisa más triste que jamás vi. Hasta ese momento no me di cuenta, pero todo a tú alrededor se difuminaba, se volvía irreal como la calle tras las ventanas en un día de lluvia. Eras el epicentro de la tristeza, el umbral del olvido. Me pregunté si realmente existías o eras tan solo un trozo de recuerdo hecho carne. Sentía que el tiempo se me esfumaba y decidí apostar contra el destino y contra mi mismo… “si se pide otra cerveza me pongo en movimiento”. De repente todo como en una vieja película, las personas que me rodeaban sin llegar a acompañarme me miraban con una expresión preocupada, la música decreció en fuerza y velocidad, ella se levantó, se tocó el pelo y alzó la mano llamando al camarero. Cuando volvió a sentarse, un hombre se acercó a ella, penetró la burbuja de irrealidad que la sostenía y se atrevió a dirigirle la palabra. Solo tardó 3 minutos en alejarse derrotado. El tiempo apremiaba, a mi alrededor se mantenían conversaciones intranquilas, alguna quizá sobre mí, sobre mi atolondramiento. Un nuevo cambio en la música me hizo actuar. Completamente fuera de lugar comenzaron los acordes de una canción que nunca soñé escuchar en un bar, la canción con la que todos nos quisimos enamorar alguna vez, con la que siempre hemos soñado hablar con ella. Cada uno de nosotros tiene una canción así, y rara vez suena fuera de la soledad de nuestra habitación. Como una señal del destino se escuchaba en ese momento. Mis piernas, ancladas al suelo, cobraron vida. Un paso, dos pasos… no pensaba en lo que le iba a decir, sabía que el destino me guiaba, que no había posibilidad de equívoco, que era ella. A mi alrededor, los murmullos se convirtieron en exclamaciones de asombro. “¿Él? ¿Cómo va a hacerlo él?”. Todo era absurdo, inconexo y desconcertante, “él” era yo, y yo nunca lo hacía. Nunca actuaba. No me movía.Pero allá iba… tres pasos, cuatro pasos… y ahí estaba ella. En un segundo, de esos que la vida nos regala en contadas ocasiones, giró la cabeza y sus ojos decidieron librar una batalla con los míos. No se quien ganó… - ¿Hola?- Más que saludar, inquiría. En ese momento me sentía un psicópata, un absurdo, un acosador. Pensaba que todas las películas del mundo, las canciones, nunca hablaban de lo que sentía el protagonista antes del momento decisivo. Siempre bastaba con la cara del actor o con la guitarra del cantante. Con un coro o con una línea de diálogo todo el mundo se tornaba milagro, la soledad desaparecía y un paso dejaba ver un futuro maravilloso, lleno de cariño y pasión desenfrenada. ¿Cómo explicar aquel instante de desasosiego, aquel sonrojo? Me encontraba delante de ella, todo era perfecto. Allí estaba, mirándome. - ¿Quieres algo?- El momento de la verdad. Ahora si, no podía callarme, era mía. Era ella. - A… ti.- Ella sonrió. Nerviosa, no respondió en seguida, no se rió. No se levantó y llamó a una amiga para comentar la escena. Tan solo sonrío y se quedó mirándome algunos segundos que se hicieron horas. Era perfecta, yo quería que fuera todo así. Abrió los labios, seguía la sonrisa. “Por favor, dime que puede ser, dime que no soy un loco insensato…” - ¿Sabes? Es curioso.- Habla con tranquilidad, parece como si lo tuviera ensayado.- Llevo viniendo aquí varias semanas, me siento y me quedo sola. Estoy aquí porque nunca pensé encontrar en este tipo de bar a alguien de quien pudiera enamorarme, y vas tú y haces que tenga que buscarme otro bar. Bueno… sonreí. Era algo increíble. Ella se levantó y cambiamos dos besos. A los cinco minutos de charla me incliné sobre su rostro y… Un estreno en EE.UU. ha llamado mi atención. Del creador de Beavies and Butthead, se trata de una película de personajes reales llamada Idiocracia. Un miembro del pentágono bastante imbécil (lo cual no cuesta mucho creer), es enviado al futuro para observar lo que nos depara al ser humano más adelante. Lo que se encuentra es una sociedad completamente idiotizada en la que él resulta ser un lumbreras. Como ejemplo, la película triunfante en ese futuro paralelo se llama Culo y no es más que un plano fijo de un trasero que periodicamente expulsa gases. Bueno, y te da que pensar, ¿verdad? Da que pensar porque me doy cuenta que no soy el único que opina sobre la inutilidad creciente de nuestra sociedad. Hace poco "el hombre del saco" (ver enlaces) me mandó una entrevista a un "cani" en la que se enorgullecía de su condición, llegando a defender la violencia característica ("O pEgAS pAQUE tE RESPeteN O no te REspETan" o algo así decía el susodicho) de su... raza... La idiocracia en EE.UU. es tan patente como en España, y por extensión, Europa y el mundo. No pido una sociedad filosófica. No pido unos índices de lectura espectaculares. No pido nada de eso, no. Sencillamente un poquito de interés por lo que nos rodea. La socióloga Noelle-Neumann, desarrolló la acertada teoría de la "espiral del silencio", cada vez es más extraño tener opiniones propias por el temor a ser rechazados de la sociedad, nos adherimos al modo de pensar mayoritario, de quienes nos rodean que a su vez se dejan influenciar por las personas más cercanas. Es una espiral en la que las opiniones contrastadas van desapareciendo. Al final quedan dos grandes masas, el blanco y el negro, la derecha y la izquierda, la homosexualidad y la heterosexualidad, el PP y el PSOE... --------------------------------------------------------- - Y usted, ¿qué planes tiene para el futuro? - Quiero escuchar reaggeton, tunear mi coche y "dar una vuelta" con mis colegas. - ¿Y más adelante? - ¿A qué se refiere? - ¿Qué planes tiene a largo plazo? ¿Qué opina de la situación de España? ¿Cómo ve la política? ¿Es usted del PP, del PSOE, de Izquierda Republicana? ¿De Fuerza Nueva? ¿Qué opina de la liberación sexual? Para usted, ¿prima más el ocio o el trabajo? ¿Piensa a menudo en su descendencia? ¿Cree en el amor como impulso irracional o cómo la mera influencia de la dopamina? ¿Tiene pensado reflejar sus pensamientos en alguna película, un libro...? - No señor, yo siempre fui idiota. Disco nuevo del gran Fito, recuerda a sus raíces "platerianas" en temas como "Medalla de Cartón" y "Viene y va". Aun así sigue la linea del anterior trabajo: "lo más lejos a tu lado", aunque el mismo Fito se haya encargado de negarlo, las canciones "me equivocaría otra vez" o "sobra la luz" continúa la tendencia de canciones tipo: "soldadito marinero", esto es, letas preciosas y música suave con la intención de que las nuevas pijas poppies de la ola "canto del loco" puedan corearlas en los conciertos mientras mojan las bragas. Sin duda la mejor canción del disco, pero sin ningún tipo de duda es la ya mencionada "Medalla de Cartón", con ese saxo al más puro estilo Fito, ese solo de guitarra espectacular, esos coros característicos... un temazo donde los haya. Por ahora estoy descubriendo el disco, pero promete muchísimo. GRANDE FITO (Todo lo que no se ve/lo que nadie nos contó/lo que se quedó en la piel/la memoria del dolor) ( Esta mañana de verano atormentado/ me he levantado sin pegar ni un trago… Uno de estos días en los que cuesta, pero realmente cuesta, salir a la calle. Sin motivaciones, claro. “Un día más”, lejos de la simplicidad constante en la que me manejo feliz; es decir, la cervecita de media tarde, la copita nocturna, la charla filosófica de turno y el callado desvelo en el que invento mundos maravillosos. Pero se acaba saliendo, si, por un motivo u otro, a cada cual más absurdo. Te levantas, bostezas, estiras los brazos, miras con asco el despertador, con más asco aun la ropa con la que tienes que disfrazarte y con mucho cariño la almohada que inconscientemente abrazaste la noche anterior. En ese momento, el reojo te traiciona y se posa en el calendario. Tu cabeza nunca ha ido al compás de la realidad, lo sabes, todo se difumina, una sonrisa se escapa y… - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - … vuelvo a protestar. Ya ni siquiera son palabras, es una especie de gruñido que crece mientras mi cara se vuelve de color púrpura. Pataleo nervioso. Mi madre, en su infinita paciencia, aguanta con estoicidad algún que otro pie enfundado en calcetín nuevo que se estampa contra su pecho. Supongo que pensará que ponerme los pantalones es tarea imposible porque con un resoplido los tira sobre la cama (su cama, en la que estoy al borde del ataque de lágrimas) y se va a la cocina. A los cinco minutos estoy apretando la cabeza contra la almohada, intentando hacerme el dormido y consiguiendo el efecto contrario, despertarme del todo atento a cualquier movimiento. Mi madre me grita para que me termine de vestir y vaya a desayunar, acompaña tan gentil invitación con un nervioso: “o vienes o voy…” y ahora si que termino de despertarme. Desde luego no necesito café para eso, no entiendo porque mis padres si. Ahora estoy en la calle, ya vestido, con mi mochila colgando. De la mano de mi madre voy a mi primera clase de “mayor”. Primero de primaria... jejeje, que gracioso. A mis siete años todo me parece gracioso. Me dicen que soy muy despierto, que tengo mucha imaginación. Estoy siempre leyendo, escuchando historias de mi hermano. Suelo salir a la calle y me invento mundos fantasiosos en un jardincillo cercano a mi casa, una rama es una espada y un arbusto un enorme bosque plagado de monstruos. Esos terribles enemigos no me asustan pero hoy estoy asustado… Un colegio nuevo, compañeros nuevos… siempre me ha gustado estar solo. “Este niño no juega con amigos de su edad”, mi madre, todo el día. “No me gustan”, digo yo. A mi me gusta mi imaginación, mis compañeros de aventuras. La gente de verdad suele ser mala, empujan porque si, no saben leer bien y se ríen de mí porque si sé. Y llego a un enorme edificio. Cientos de niños, que digo cientos, ¡millones! Se empujan unos a otros, alguno cae al suelo y llora. Me da miedo. Aprieto la mano a mi madre y la miro con cara de pena. Ella me sonríe y me deja en la puerta. - ¿Tengo que venir aquí todos los días? - Si, Manuel. - ¿Siempre? - No, cuando seas grande irás al instituto, y luego a la universidad… - ¿Y luego? - Pues a trabajar como papá. - Yo no quiero trabajar. - Pero para eso falta mucho, tonto. Me deja con un grupo de niños después de intercambiar unas palabras con una señora que me mira brevemente y sonríe, luego me da dos besos y se va. Estoy triste, tengo ganas de llorar porque me quedan muchos años viniendo todos los días a este sitio que no me gusta. Me quedo solo. La señora que hablaba con mi madre ha entrado con todos los niños corriendo detrás de ella… yo no quiero hacerlo. De repente un señor mayor me sujeta por el hombro, me sonríe y me apremia para que entre: “hoy empiezas el cole, ¿no?”. Asiento con la cabeza y ando detrás de mis compañeros, las puertas se cierran y… - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - … y la voz de tu madre te llama desde la cocina. Apremiándote. Tomas el café con la mirada vacía y una estúpida sonrisa nostálgica en la boca. Antes de salir le das dos besos a tu sorprendida madre. “Ten cuidadito”, te dice. Y sales a la calle. No querías hacerlo, pero no puedes evitar observar a los niños que corren a la escuela, primer día del primer curso. Algunos se retuercen contra las faldas de su madre, otros gritan y saltan. Tu atención se fija en uno, pequeño, con una mochila azul colgando y unos ojos nuevos que no quieren ser estrenados. Los chavales van entrando. Me dirijo hacia el chaval y le empujo suavemente en el hombro: “¿hoy empiezas el cole?”. Asiente… - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Y no quieres (no quiero) crecer más. Ved Clerks II. Mejor aún. Ved Clerks y luego ved Clerks II. Es un círculo perfecto. Un principio y un fin, después de ver la segunda no podría entender la primera como una película con su propia conclusión. Es curioso porque la temática me pilla muy de cerca. Creo, sinceramente, que todos los de mi quinta, lo de mi generación, mi grupo. Todos, tenemos un pequeño Kevin Smith en nuestro interior. El constante debate de Clerks, fuera de la impresión que puede ofrecer de película graciosa sin más, se centra en la amistad y en la sociedad. Kevin Smith no quiere engañar a nadie y no engaña a nadie. Siempre lo ha dicho: "me gustan los diálogos, conozco Jersey: hago películas de diálogos con personajes de Jersey". La Clerks original era, simple y llanamente, unos cuantos amigos hablando de sus cosas. Repito, Kevin Smith no engaña a nadie. Clerks II es, simple y llanamente, unos cuantos amigos hablando de sus cosas, unos amigos que han crecido, que llevan doce años hablando de sus cosas y que se plantean si el rumbo de sus vidas es normal o deberían buscar otras cosas de las que hablar. PUNTO. Obviamente esta premisa está sazonada con los ingredientes clásicos de las películas de Kevin Smith: chistes guarros, escenas estrambóticas, guiños a sus propias películas, conversaciones frikis (no podía faltar la santa trilogía) y, como no, Jay y Silent Bob. Pero que el atrezzo no nos oculte la parte fundamental de esta película. Amigos hablando de sus cosas. ... es curioso... ¡Qué difícil es hacer una película de amigos hablando de sus cosas y que quede bien! Ved Clerks II. Mejor, ved Clerks y luego Clerks II. |